El error de «Salvar a un Hater»

Esta mañana me ha llegado la publicidad de la campaña de Save a Hater, promovida por Accem, una organización sin ánimo de lucro de ámbito estatal cuya misión es la defensa de los derechos fundamentales, la atención y el acompañamiento a las personas que se encuentran en situación o riesgo de exclusión social.

Me llevé una gran decepción.

En un principio, cuando leí el titular, me pareció una idea maravillosa: una campaña que fomentaría las buenas prácticas de posteo en las redes sociales, la educación, el respeto, la concienciación sobre fake news…

Pero cuando empecé a leer todas sus propuestas me di cuenta de que por un lado solo rascaban la superficie del problema y que por otro (y esto es lo grave) no busca la «salvación» de los haters, sino todo lo contrario.

Las herramientas que proporciona la web de la campaña son una serie de consejos que buscan el enfrentamiento, la señalización y la culpabilización de los demás. Emplean un tono agresivo y hasta ofensivo, no solo hacia los posibles haters, sino incluso hacia ti, que consumes su campaña con la idea de ayudar. En definitiva, utiliza las estrategias de un hater para hablar de los haters.

De hecho, desde el mismo home de la web puedes notar pequeños indicios de esta mala praxis. El título «HERRAMIENTAS PARA LUCHAR CONTRA EL ODIO Y POLARIZACIÓN ONLINE», ya nos da a entender que se busca el conflicto. ¡Claro!, yo soy el primero que diría que «esto es una forma de hablar y no debe entenderse de manera literal», pero cuando a lo que nos referimos es al poder de las palabras en las redes, el empleo de un verbo tan específico resulta inapropiado. O lo resultaría si en realidad no expresase exactamente lo que quiere decir.

Cuando en un principio leemos que la intención de Accem es fijar la atención sobre un nuevo colectivo en riesgo de autoexclusión social (los haters) te entra la esperanza de que la campaña pretende comprender, acompañar a este tipo de personas como lo harían con cualquier otro de los grupos a los que normalmente prestan atención, eso sí, reorientando sus conductas, ayudándoles a ser más tolerantes y dándoles las herramientas para expresarse de forma más adecuada en internet y en la sociedad. Esta filosofía de concordia y reconciliación sería un acercamiento interesante y sobre todo humanitario hacia el problema.

Sin embargo, mientras lees su web y te empapas de la campaña, encuentras apelativos desdeñosos como «Nuestros/as haters, pobrecitos…» o «¡pobres ilusos!» o sarcasmos del tipo «un término que aunque muchos haters no entendáis» o incluso acusaciones veladas como «pero en qué mundo vivís para no daros cuenta…», y descubres que en realidad están menospreciando al hater, ridiculizándolo, tratándolo de ignorante. ¡Es más!, te están señalando a ti como a uno de ellos.

Lo curioso es que hay un leve intento de acercar la figura del hater a nosotros, de darnos a entender que el hater no es un colectivo, sino una actitud, pero lo hacen tan mal que acaban convirtiéndolo en otra acusación, me refiero a cuando dicen «¡Cuidado!, si no conoces a nadie que sea así puede que el hater seas tú». ¡Por Dios! ¿No habrá formas más efectivas de llegar a tu público que escupiéndole en el ojo?

Y algunos de los consejos que se dan en la web nos animan directamente a enfrentarnos contra el hater: «rétalo», «denuncia»… Porque es sabido que echar leña al fuego siempre acaba con los problemas (nótese mi sarcasmo, por favor). En serio, muchos de estos haters están buscando precisamente la polémica y el hecho de discutirles o tratar de ponerlos en evidencia solo va a acrecentar más su odio. Y por supuesto que hay algunos casos en los que las amenazas directas y el ensalzamiento de la violencia debe ser denunciada, pero no estamos hablando de un comportamiento hater, sino de algo mucho peor.

Meme de Saveahater

Sinceramente creo que la campaña parte de una intención muy buena, pero que ha empleado malas fórmulas y un mensaje y tonos equivocados para llevarla a cabo.

Para empezar Accem se centra solamente en las expresiones de odio hacia los grupos de exclusión a los que están acostumbrados a apoyar. Tratan la islamofobia, el racismo, la misoginia, la LGTBIfobia, la disfobia…; y eso está muy bien. Pero lo cierto es que el fenómeno hater va muchísimo más allá de cualquier colectivo. La definición más habitual del hater es la de aquel individuo que, para expresarse sobre cualquier tema, se vale de la burla, de la ironía y del humor negro. Son definidos como cínicos hostiles, desconfiados y desdeñosos y con disposición para la agresión. Un hater es el que ridiculiza las opiniones políticas contrarias a la suya, pero también el que se burla de los fans de Crepúsculo o de Justin Bieber. Y lo gracioso es que en muchas ocasiones ni siquiera existe un sentimiento de odio detrás de un comentario hater, sino solo una intención de resultar gracioso o de molestar por molestar, de llamar la atención. Confundimos a menudo al troll con el hater. Nos dejamos llevar por el rencor en lugar comprender los razonamientos (o los motivos detrás de los razonamientos) de la persona que agrede. En una sociedad como la nuestra, en la que las redes sociales fomentan el tener opinión sobre cualquier tema, pero que al mismo tiempo condena el pensamiento individual y diferente y en la que nos parece sensato el sentirse ofendido por cualquier cosa, prácticamente nadie puede puede sentirse libre de ser un hater o de, al menos, tener una actitud de hater de vez en cuando.

Y como ya he dicho, otro problema es el tono, que resulta inconsistente e inapropiado en muchos momentos. Mientras en ocasiones se dice cosas como «se empático, compréndelos…» luego se trata al hater como a una persona malvada con intenciones ocultas; por un lado se pide «No generalices» y por otro se asume que los haters son un colectivo determinado y con características específícas. Y lo peor es ese sarcasmo subrepticio y malintencionado, esa actitud desafiante que se emplea tanto en los videos de la campaña como en el planteamiento de la figura del hater como un ser deprimido socialmente.

Por otro lado, aunque no se expresa directamente en esos términos, la filosofía de Save a Hater bebe de la tendencia generalizada a creer que es legítimo denunciar todo aquello que nos ofende, como si esta sociedad hubiera perdido toda tolerancia al dolor, a la crítica, al fracaso. Nos han hecho creer que somos los reyes de la montaña y que nada nos puede sacar de ahí. Con este pensamiento corremos el riesgo de creer que siempre estamos en lo cierto y de criminalizar cosas que en realidad no son fruto del odio o de la malicia, como el sentido del humor. El humor, incluso el humor ofensivo, es una forma del ser humano de afrontar problemas o situaciones de su realidad y, en muchos casos, de curarnos de nuestra propia desgracia. Donde más he encontrado yo chistes sobre locos es en los propios centros psiquiáticos. Los mejores humoristas son aquellos que se ríen de su propia condición. Y si bien hay quien utiliza los chistes para hacer daño, recordemos que no hay crimen en la libertad de expresión. Aunque nos duela. Porque si condenamos al que se burla, al que critica, al que se suena la nariz con la bandera, algún día nosotros también podremos ser condenados por tener conciencia propia.

Si lo que queremos es promover un clima de entendimiento y reconciliación, si pretendemos que las personas aprendamos a entendernos y a tolerarnos, y que asumamos que debatir no es lo mismo que criticar, entonces lo que una campaña como Save a Hater debería hacer es ofrecer herramientas de tolerancia y de comprensión y no una guía para identificar, señalar y denigrar al que ofende, porque ese es precisamente el modus operandi del hater.

El problema de esta campaña es que realmente no intenta salvar a los haters, solo llamar la atención sobre el ciberodio hacia ciertos colectivos. No hay una verdadera intención de curar el resentimiento en las redes, solo de evitar que se difundan determinados mensajes. Parece que a Accem, todo esto del Save a Hater les vino bien por la potencial viralidad del titular, pero que no llega (ni pretende) promover la comunicación empática en internet.

Y aún con todo, creo que buena idea que entremos en la web de esta campaña y leamos lo que tienen que decirnos, porque al fin y al cabo, como he dicho, las intenciones son buenas y quizás, obviando algunos aspectos de las formas, podamos sacar algunas cosas positivas de ese mensaje.

Comments are closed